Aborto por malformaciones


INFORME SOBRE LA EVIDENCIA CIENTÍFICA DEL RIESGO PSICOLÓGICO DEL ABORTO PROVOCADO POR DIAGNÓSTICO DE MALFORMACIONES

Dadas las nuevas evidencias y estudios recientes sobre el trauma tras el aborto, se ha realizado este Informe sobre la evidencia científica actualizada del riesgo psicológico que pueden sufrir las madres y padres que abortan a un hijo por habérsele diagnosticado durante el embarazo un riesgo más o menos elevado de malformación. Sólo se han empleado artículos científicos publicados en revistas de alto índice de impacto con revisión doble e indexadas en la U.S. Nacional Library of Medicine (Pubmed.gov) 1 .

En estudios realizados hace ya 8 o más años se demostraba que el aborto provocado por malformación fetal tiene riesgos psicológicos que es preciso conocer y a los que había que dar respuesta.

De hecho, cuatro estudios, dos de 1993, y otros de 1997 y 2001 demostraron que las mujeres que abortaban a un hijo por un diagnóstico prenatal positivo presentaban secuelas igual de graves que la pérdida de un hijo sano durante el embarazo o parto, y que la interrupción voluntaria del embarazo en este supuesto causa aislamiento social y depresión (Iles and Gath 1993; Zeanah, Dailey et al. 1993; Salvesen, Oyen et al. 1997; Schutt, Kersting et al. 2001).

En dichos estudios se comparaba el estado psicológico posterior de dos grupos de mujeres: el primer grupo que abortó por malformación y el segundo que perdió un hijo por aborto espontáneo, ambas pérdidas en el segundo trimestre de gestación. Los investigadores de estos cuatro trabajos internacionales alertan de que el aborto supuso en casi todos los casos un trauma. Los resultados mostraron que la sintomatología no difería entre ambos grupos y que entre las mujeres cuyo aborto era provocado por malformación no espontáneo - un 17% fueron diagnosticadas de depresión mayor y un 23%precisaron tratamiento psiquiátrico (Zeanah, Dailey et al. 1993). Además, hubo en la década de los 90 otros estudios indicaron el estrés grave que podía llevar el aborto por malformación y sus graves efectos en la madre y padre (Di Giusto, Lazzari et al. 1991; White-van Mourik, Connor et al. 1992; White-Van Mourik, Connor et al. 1992; Kolker and Burke 1993; Lilford, Stratton et al. 1994).

En los dos estudios de los investigadores de Glasgow se demostró que después de 2 años tras el aborto por malformación, todavía un 20% de madres del estudio de 68 matrimonios tenían brotes de llanto, tristeza e irritabilidad tras el aborto (White-Van Mourik, Connor et al. 1992). Los maridos también relataron en un porcentaje elevado falta de concentración e irritabilidad durante el primer año. Además, un 12% de los matrimonios sufrieron crisis temporales durante este primer año e incluso algún matrimonio llegó a romperse durante este breve periodo.

Por su parte, otro estudio de Leeds en Reino Unido examinó a 57 parejas que habían abortado de forma espontánea o provocada por malformación, ofreciéndoles asesoramiento psicológico de forma aleatoria tras abortar y no presentar problemas psicológicos graves tras éste (Lilford, Stratton et al. 1994). Querían evaluar si resultaría clínicamente útil ofrecer el asesoramiento psicológico a todas las parejas, incluso aquellas que parecían no tener problemas psicológicos tras el aborto por anomalía fetal. Entre los resultados cabe destacar que, aunque no pudo demostrarse de forma rotunda que la intervención del psicólogo que se empleó fuera eficaz, sí resultó de interés contar con esta asistencia ya que las parejas del grupo con psicoterapia que la recibieron adecuadamente integraron mejor la pérdida que las que faltaron a la misma. Además, se encontró sintomatología ligeramente más grave en las parejas cuyo aborto fue provocado y no espontáneo. En 1995, el Servicio de Genética del Centro Médico de Investigación Pediátrica de la Universidad de Montreal, en Québec, Canadá, realizó un estudio comparativo de las reacciones psicológicas de dos grupos de padres que abortaron tras el diagnóstico prenatal (Dallaire, Lortie et al. 1995). El primer grupo de 76 pacientes tenían riesgo familiar de tener un hijo con malformación y el segundo grupo, de 124, no lo tenían. El sentimiento de culpabilidad tras el aborto estuvo presente en ambos grupos (29 y 79%, primer y segundo grupo respectivamente), así como la necesidad de recibir asistencia psiquiátrica (19 y 7%, respectivamente). La Universidad concluye la necesidad del apoyo psicológico durante el diagnóstico prenatal dado la gravedad del duelo que puede presentarse tras el aborto por malformación.

¿Cuál es la evidencia científica más relevante y novedosa sobre el tema?

Los siguientes estudios poseen una metodología más adecuada para el estudio del trauma postaborto por malformación. Por ello se explicarán brevemente con sus principales resultados:

Un estudio del Centro Universitario Médico de Utrecht en Holanda publicado en el 2005 examinó a los 2-7 años de la intervención a 151 parejas madres y padres - que había abortado por malformación (Korenromp, Page-Christiaens et al. 2005). Usaron cuestionarios estandarizados de duelo, estrés postraumático, ansiedad y depresión. Entre los resultados citaban que había todavía parejas que presentaban puntuaciones patológicas en estas escalas. Alertaron de que los hombres también presentan estrés postraumático tras el aborto. Los factores que se asociaron a una mayor sintomatología fueron el bajo nivel educacional, tiempo de embarazo o edad gestacional mayor y que la malformación fuera compatible con la vida, entre otros.

En el mismo centro y ese mismo año, dicho equipo publicó otro trabajo, esta vez examinando a 254 mujeres entre 2 y 7 años del aborto por malformación (Korenromp, Christiaens et al. 2005). En este caso, un 17,3% de mujeres presentaron puntuaciones patológicas de estrés postraumático, con lo cual los investigadores concluyeron alertando que el aborto provocado por malformación se asocia fuertemente a secuelas de larga duración para un número elevado de mujeres. De nuevo se asociaron las mismas características enumeradas arriba para presentar mayor sintomatología. El estudio más reciente de este equipo experto del Centro Universitario Médico de Utrecht ha sido publicado en el 2007, y ha examinado 217 mujeres y 169 varones a los 4 meses del aborto de sus hijos con malformación (Korenromp, Page-Christiaens et al. 2007). Se han demostrado altos niveles de síntomas de estrés postraumático (44 y 22% para mujeres y hombres, respectivamente) y de depresión (28 y 16%, respectivamente) (Korenromp, Page-Christiaens et al. 2007). Se señaló en el estudio que eran factores de riesgo para presentar mayores problemas psicológicos, entre otros, haber dudado en su toma de decisión, la edad gestacional elevada y la baja autoconfianza. Además, tan sólo a los 4 meses del aborto por malformación, ya un 2% de las madres estaban arrepentidas de haber abortado.

En España cada año se encuentran en riesgo de sufrir este trauma más de 6.000 personas sumando madres y padres. Con todos estos datos de estudios internacionales, AVA indica que resulta relevante e imprescindible la inclusión de estas secuelas demostradas en los consentimientos informados que firman las madres y padres previamente a la intervención en los centros acreditados para el aborto provocado. Estos documentos son obligatorios por la Ley 14/1986 y la Ley 41/2002 y entregar con la suficiente antelación para comprender las consecuencias posibles, con lo que debería proporcionarse al menos con 24 horas de antelación a la intervención (tal y como se recomienda en otras intervenciones quirúrgicas).

Además es un deber sanitario facilitar la asistencia psicológica y psiquiátrica a todos los padres tras un aborto por malformación durante la elaboración del duelo. Vistos los porcentajes de sintomatología de estrés postraumático y depresión demostrados (al menos en un 44 y 28%, respectivamente, en mujeres a los 4 meses del aborto; y al menos en un 17,3% para el estrés postraumático de los 2 a 7 años tras el aborto), resulta gravemente contrario al beneficio de la salud de los padres no alertar previamente de estos riesgos y ocultar la posibilidad de que se precise elaborar el duelo por la pérdida fetal.

Beatriz Mariscal Díaz - Psicóloga Presidenta de la Asociación de Víctimas del Aborto (AVA)